Maider Aldasoro
Miguel Alejos
Gorka Eizagirre
Usoa Fullaondo
José Jurado
Martí Madaula
Sofía Montenegro
Milena Rossignoli
Ander Pérez Puelles
22.11.2024 - 02.02.2025
BilbaoArte Fundazioa
Sala URIBITARTE40
Bilbao
Miguel Alejos
Gorka Eizagirre
Usoa Fullaondo
José Jurado
Martí Madaula
Sofía Montenegro
Milena Rossignoli
Ander Pérez Puelles
22.11.2024 - 02.02.2025
BilbaoArte Fundazioa
Sala URIBITARTE40
Bilbao
Nadie puede compartir el sabor de la menta aborda la complejidad de una colección de arte contemporáneo desde la problemática del nombre y su operatividad como herramienta de clasificación. El nombre impone una serie de narrativas estables donde las imágenes seleccionadas ocurren como ejes de control sobre el conjunto de materiales que conforman una colección.
Los trabajos reunidos en sala muestran una variedad de formas en que pensar cómo nos relacionamos con los procesos artísticos a traves del nombre. Sucede que algo es una maqueta o un mueble y, a la vez, una “pieza”. Las palabras generan formas de adhesión con las cualidades y los materiales que designan, en algunas ocasiones las acompañan y, en otras, las niegan o velan.
La primera aproximación a una exposición tiende a ser en este lugar, en el texto. Unos cuerpos determinados llamados comisarios o gestores presentan una reflexión sobre aquello que hay en el espacio expositivo. Al poner nombre a ciertos fenómenos se genera un horizonte en la sala y, en ese horizonte, vemos unas cosas y obviamos otras. Nombrar implica participar en una relación de visibilidad determinada. Tendemos a considerar las palabras como entes estables. El nombre, puede entonces entorpecer el discurrir de las cosas, inmovilizándolas, relegando su lectura a una narrativa de carácter histórico.
Habiendo advertido la peligrosidad de escribir sobre las cosas, nos disponemos precisamente a hacerlo; y decimos: la menta es un sabor que cualquiera identifica como fresco y dulce. Algunas personas dirán que es verde claro y otras lo asociarán a chicles, ambientadores o dentífricos. Es complejo referirnos a sus cualidades, a lo mentolado, sin volver al propio nombre. Empleamos la imagen de la menta como metáfora para pensar esta colección, ya que sus cualidades ocurren muy cerca de su nombre. Digamos que en la sala hay diferentes grados de coincidencia, tanto la negación como la identificación más directa. Digamos también que las palabras son palabras y los bancos son bancos; que la menta es menta y que no se parece a nada. Digamos que siempre existe una rozadura —por mínima que sea— entre la realidad y las palabras que empleamos para nombrarla.
Exposicion comisariada junto a Lorenzo Galgó.
Los trabajos reunidos en sala muestran una variedad de formas en que pensar cómo nos relacionamos con los procesos artísticos a traves del nombre. Sucede que algo es una maqueta o un mueble y, a la vez, una “pieza”. Las palabras generan formas de adhesión con las cualidades y los materiales que designan, en algunas ocasiones las acompañan y, en otras, las niegan o velan.
La primera aproximación a una exposición tiende a ser en este lugar, en el texto. Unos cuerpos determinados llamados comisarios o gestores presentan una reflexión sobre aquello que hay en el espacio expositivo. Al poner nombre a ciertos fenómenos se genera un horizonte en la sala y, en ese horizonte, vemos unas cosas y obviamos otras. Nombrar implica participar en una relación de visibilidad determinada. Tendemos a considerar las palabras como entes estables. El nombre, puede entonces entorpecer el discurrir de las cosas, inmovilizándolas, relegando su lectura a una narrativa de carácter histórico.
Habiendo advertido la peligrosidad de escribir sobre las cosas, nos disponemos precisamente a hacerlo; y decimos: la menta es un sabor que cualquiera identifica como fresco y dulce. Algunas personas dirán que es verde claro y otras lo asociarán a chicles, ambientadores o dentífricos. Es complejo referirnos a sus cualidades, a lo mentolado, sin volver al propio nombre. Empleamos la imagen de la menta como metáfora para pensar esta colección, ya que sus cualidades ocurren muy cerca de su nombre. Digamos que en la sala hay diferentes grados de coincidencia, tanto la negación como la identificación más directa. Digamos también que las palabras son palabras y los bancos son bancos; que la menta es menta y que no se parece a nada. Digamos que siempre existe una rozadura —por mínima que sea— entre la realidad y las palabras que empleamos para nombrarla.
Exposicion comisariada junto a Lorenzo Galgó.